Los Clásicos de TitoFredo (y VII)
Es probablemente la película que más características ha reunido para convertirse en película de culto en los últimos veinte años, y emparejada con Los Hijos de Los Hombres como la mejor película de lo que llevamos de década. De nuevo suena bastante concluyente, pero es que La Fuente de la Vida es mucho más que una simple película: es un canto a la vida, a la muerte, al amor, a la agonía y a todo lo que esencialmente nos hace humanos. Como toda película de culto que se precie, trasciende mucho más allá de los fotogramas de su celuloide, invita al espectador a interpretar e involucrarse en su argumento utilizando para ello sus propias experiencias vitales, de una manera que nunca antes había yo visto en una pantalla. ¿Características antes mencionadas? Pues para empezar su director, Darren Aronofsky, un director con una capacidad visual única que cuenta sus películas por peliculones: Pi y Requiem por un Sueño. Pero es en esta su tercera película donde ha echado toda su abundante y apabullante imaginiería visual al servicio de una historia tan simple como eterna, preguntándose por el camino e intentando dar respuesta a la PREGUNTA que lleva rondando la cabeza del ser humano desde los albores de la existencia: el sentido de la vida. Unimos esto a un considerable fracaso en taquilla (perjudicado por una pobre distribución) que la hecho pasar casi desapercibida para el gran público, unos actores en estado de gracia, una concepción arriesgadísima, una dirección artística y un diseño de producción únicos, una dirección en estado de gracia, una fotografía sublime, una banda sonora inolvidable y mágnifica...lo mezclamos todo, y tenemos la típica película que dentro de 20 años será un referente, pero que hoy ni dios conoce. Con todos vosotros, The Fountain

Tommy Creo (Hugh Jackman) es un científico empeñado en salvar la vida de su mujer Lizzi (Rachel Weisz), y al cual seguiremos en un trayecto vital de cientos de años para conseguirlo, mientras a la vez intenta poner fin al inconcluso libro que su mujer estaba escribiendo, cuyo personaje principal busca exactamente lo mismo que busca Tommy. A muy grandes rasgos esta es la trama de La fuente de la Vida, y gracias a ella Aranofsky nos sumerge en un universo metafísico donde pensamiento, imagen, teorías y belleza se unen para darle al espectador todo un espectáculo de cine sesudo pero sin llegar a ser gafapastoso, donde por encima de todo el poderío visual, se intenta seguir la máxima que el amor es la gran fuerza que mueve el universo, la gran fuerza que hace a los hombres evolucionar, crecer y seguir siempre hacia adelante. Evidentemente, mucho de lo que propone The Fountain depende del espectador, es una película que reta, que indaga y que busca la complicidad de un espectador que debe verla con la mente y el corazón abiertos. Por eso la primera crítica y la más incisiva que se ha hecho a The Fountain es la de espectáculo visual vacio, unos bonitos fuegos de artificio pero que no tienen el menor sentido. Aún no siendo el guión todo lo redondo que podría ser y tener un final un tanto precipitado, sobre todo en las motivaciones del Tommy del futuro, creo que The Fountain es mucho más que un director empeñado en mostrarnos planos de bella factura, pero claro, si sobre gustos nunca hay nada escrito, con esta película los gustos se quedan sobrepasados a las primeras de cambio necesitando que el espectador se involucre de una manera mucho más primaria que al ver cualquier otro tipo de cine. Pero el contenido está ahí, de eso no cabe duda.

Mención aparte merece el señor Hugh Jackman. Este hombre sigue demostrando película a película lo buen actor que es, rozando la perfección en varias escenas que hacen que se te haga un nudo marinero en el estómago. Si en The Prestige ya lo bordó, aquí alcanza cotas sublimes, muy bien acompañado de la siempre excelente Rachel Weisz. Y la banda sonora de Clint Mansell es de lo mejorcito que he escuchado ultimamente, si existen los scores perfectos, este se queda a pocos pasos.

Resumiendo, la odiareís u os encantará. Pero una cosa es segura, no creo que a nadie deje indiferente. Y solo por la impresionante puesta en escena del señor Aranofsky ya merece ser vista.

